Solsticio de Invierno/ Verano: Sé el autor de tu historia

El mes de Cáncer, el signo del hogar y la familia, trae una importante energía de su signo opuesto, con 2 lunas llenas en Capricornio, una apenas entra el Sol en Cáncer y otra justo antes de salir.

Esto nos genera una importante energía cardinal, de comenzar cosas y por ende de soltar otras. Aquí la clave es permitirnos soltar estructuras que ya se sienten muy rígidas sobre cómo sentíamos que «debía» ser algo, que es esa energía Capricornio, que puede ayudarnos mucho a construir, pero también en su vibración baja, puede hacernos sentir atrapados en reglas que no son nuestras.

Y ese es el cuestionamiento principal que estas dos lunas nos presentan: ¿Cuáles son las «reglas» del juego que estoy jugando?. Entendiendo el «juego» como la vida que elijo vivir.

Porque esas reglas definen mis decisiones sobre en qué trabajo, cómo me relaciono, cuál es el tipo de amistades a las que le doy energía, qué tipo de pareja busco o qué tipo de relación de pareja mantengo.

A pesar de que esas reglas pueden darnos sensación de seguridad y certeza, a veces también llega el momento en nuestras vidas de cuestionarlas, y este es uno de esos momentos.

El año tiene una fuerte energía Aries, que me acerca más a mi individualidad, y justamente estas lunas Cáncer – Capricornio hacen tensión con la energía en Aries, y nos fuerzan a tomar decisiones de poner primero mis necesidades y creencias individuales, y dejar de lado esas reglas que de alguna forma me dicta la sociedad e incluso me dicta lo que me enseñaron en mi hogar y familia.

La clave para avanzar aquí y acercarme a algo que se sienta mejor, es entender cuáles son mis propias reglas. Cuál es mi propia versión de lo que debe ser mi vida: mi trabajo, mi relación de pareja. Hacer las pases con las decisiones que quiero tomar no porque algo externo me lo dicta o por una enseñanza de mi pasado.

Sino impulsados por lo que en este momento de mi vida deseo, después de lo que he vivido, después de una pandemia que nos mostró otras opciones, después de trabajos y relaciones que no se han sentido bien.

No podemos esperar que las cosas sigan igual después de las transformaciones profundas que hemos vivido como individuos y como sociedad. Nosotros no somos los mismos, y el mundo tampoco. Pero debemos encontrar el valor de atrevernos a vivir desde esos aprendizajes, a escribir las cosas de nuevo, a explorar, buscar lo que ahora se siente alineado a la persona que quiero ser.

Nuestro futuro está en nuestras manos, y será tan grande cómo nosotros mismos nos atrevamos a que sea.

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